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miércoles, 28 de noviembre de 2012


UNA VEZ HUBO TOROS

¿QUIEN NOS ENGAÑA?

Aunque cueste recordarlo, no hace  mucho tiempo hubo toros. Ganaderos que no conocían la ingeniería genética y procuraban mejorar sus productos a base de cruzar sangres, daban con la piedra filosofal de conseguir el toro soñado, unos apostaban por la nobleza, otros por la exigencia, otros por la bravura encastada y hasta los había con morbo
Pero generalmente se buscaba esa bravura noble que en la actualidad se ha convertido en tontuna. Sí, hoy el toro premiado es el tonto.

Aunque cueste recordarlo, no hace  mucho tiempo hubo toros. Ganaderos que no conocían la ingeniería genética y procuraban mejorar sus productos a base de cruzar sangres, daban con la piedra filosofal de conseguir el toro soñado, unos apostaban por la nobleza, otros por la exigencia, otros por la bravura encastada y hasta los había con morbo.

Pero generalmente se buscaba esa bravura noble que en la actualidad se ha convertido en tontuna. Sí, hoy el toro premiado es el tonto.
Del siglo XIV son las primeras noticias que conocemos de ganaderos navarros. Las reses de esta tierra, cuyas vacadas se extendieron en tiempos pasados por Aragón, Levante y La Rioja, son pequeñas, muy vivaces y bravas, de muchos pies, capas coloradas y castañas con algunos ejemplares negros, y defensas muy características, delgadas, en forma de lira. Son toros muy listos y pegajosos, por lo que los toreros los han ido marginando pese a su escaso tamaño. Las ganaderías más emblemáticas de este encaste fueron la del marqués de Santaclara (considerada por algunos como la fundacional), y las de Guendulain, Lizaso, Zalduendo, Carriquiri, Lecumberri y Pérez-Laborda. Aunque el ganado navarro ha dejado de lidiarse prácticamente en festejos mayores, aún existen criadores que, con encomiable empeño, dedican sus esfuerzos a intentar devolver el esplendor a unos toritos que gozaron del favor del público por su desbordante bravura.

En la primera mitad del siglo XVIII, fundó esta vacada Luis Antonio Cabrera Ponce de León y Luna, vecino de Utrera (Sevilla), con reses al parecer procedentes de los frailes cartujos de Jerez, de los dominicos de Sevilla y/o de cualquier otra comunidad religiosa de las que entonces poseían puntas de ganado procedente de los diezmos, y que seguramente era descendiente de esas reses que, en grandes rebaños, pastaban libremente en los campos de Tarifa. Con posterioridad vino a formar parte del legendario encaste de Miura, junto a reses de Francisco Gallardo y José Arias de Saavedra.

A mediados del siglo XVIII,  Gregorio Vázquez, de Utrera (Sevilla), formó esta ganadería, con reses de ignoto origen, a las que se añadieron otras de Cabrera y de Bécquer. Su hijo Vicente José heredó la vacada en 1.778 y, tras innumerables vicisitudes, logró aumentar la misma con reses del Conde de Vistahermosa. Gracias a ello y a la esmerada selección que practicó en la tienta, Vicente José Vázquez logró crear una casta de toros muy bien armados, de variadísimas capas, preciosos de lámina, cortos de patas y anchos. Fuertes, muy poderosos y bravos en el primer tercio, en seguida gozaron de la predilección de los públicos y toreros.
Ganaderos como el Marqués de Villamarta, que formó su vacada con reses de Murube, Urcola, Medina Garvey y sementales de Parledé, añadiendo con posterioridad reses del Conde de Santa Coloma y Conde de la Corte. Así, en conjunto, la ganadería creada por el Marqués de Villamarta aunaba cuatro de los principales encastes derivados de la casta  Vistahermosa, los de Murube, Parladé, Santa Coloma y Urcola, mientras que la parte de la vacada derivada de Medina Garvey aportaba un cruce con Casta Vazqueña, que contribuyó fundamentalmente a dotar al cruce de un mayor tamaño y que también es la responsable de las pintas berrendas, cárdenas claras, salpicadas y ensabanadas, que ocasionalmente lucen los ejemplares de este origen. Ya en poder de los herederos del Marqués de Villamarta la ganadería se fue dividiendo y los principales lotes quedaron en poder de Carlos Núñez, Clemente Tassara, ya desaparecida y Salvador Guardiola.

Estos breves ejemplos, ponen de manifiesto que la adaptación del toro bravo a las exigencias, data de tiempos ancestrales y siempre se han realizado, con la mezcla de sangres.

Dice D. Javier Cañón. Profesor de la Facultad de Veterinaria de la Univ. Complutense de Madrid. Existe un matiz fundamental a diferencia de otras razas en cuanto a la pérdida de una ganadería brava, supone un terrible descalabro en la cabaña porque se renuncia a un encaste entero, restando variedad genética que es de vital importancia preservar.

¿Por qué el empeño de empresas y toreros por el monoencaste bodeguero? Un altísimo porcentaje de las reses lidiadas en España en una temporada, pertenecen a este encaste. Son muchas las figuras que ciñen sus actuaciones en exclusiva a este encaste.
También son muchos los ganaderos que con el afán de entrar en el mercado fuerte, han eliminado otras sangres de sus fincas y han adoptado este encaste para lucir sus hierros en más plazas.

¿Dónde pretendemos llegar? La afición no queremos la exclusividad del monoencaste, queremos disfrutar de la diversidad de la cabaña, con todas sus consecuencias, queremos toros con diversos comportamientos y toreros con poder para dominarlos.

Finalizas las dos ferias más importantes del mundo, han quedado patentes, manipulaciones, contubernios entre apoderados ganaderos y empresas. En definitiva el fraude ganadero al que se ha sometido a los aficionados paganinis que nos sentamos en los tendidos.